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La Navidad: El carrusel de las emociones. Aciertos y errores.

  • Pablo Yáñez
  • 10 dic 2025
  • 4 Min. de lectura

La Navidad es una época de sobrexposición a impactos publicitarios y mensajes comunicativos en todos sus formatos: radiofónicos, televisivos, anuncios en redes sociales o cartelería en las calles.


Se acerca un notable pico de consumo, el mayor del año para el comercio generalista, y las marcas y empresas se lanzan a inundar con sus recursos publicitarios la escena pública en busca de una atención más cara que nunca precisamente a raíz de esa saturación.


Esto provoca una curiosa situación en los consumidores (todos nosotros) que convivimos en un momento que mezcla una actitud marcadamente consumista con máxima atención a los estímulos con el lógico efecto bloqueo causado por la sobrexposición a la que nos vemos sometidos.


El desafío de destacar en un mercado saturado


Se trata de un escenario de máxima dificultad para lograr que los recursos que empresas y anunciantes emplean en estas fechas consigan un resultado eficaz en su intento de aumentar las ventas de sus productos o servicios.


¿Cómo conseguir que alguien nos mire y nos preste atención cuando todos nuestros competidores se mueven alrededor buscando esa misma atención?


¿Cómo conseguir impactar sobre la percepción de un consumidor saturado de impactos publicitarios por todos los lados?


La respuesta sencilla, y en Aquilea Comunicación la conocemos bien porque la empleamos a lo largo de todo el año, sería a través de la comunicación emocional.


Emociones navideñas: tradición contra improvisación


Y es cierto que las empresas tratan con verdadero ahínco de “cargar” de emocionalidad sus campañas navideñas. Así, estamos acostumbrados al uso ciertamente sentimental de conceptos como la unidad familiar, la “vuelta a casa por Navidad”, el hogar, la tradición o los motivos para celebrar dentro de las estrategias publicitarias de las grandes marcas en estas fechas.


Pero surgen dos problemas a la hora de convertir ese deseo en una realidad de probada eficacia.


El primero, que no el más importante, es aquella lógica que ya nos enseñaban nuestros padres en el colegio sobre la importancia de llevar las cosas al día y no tratar de solucionar los problemas estudiando a trompicones la noche antes del examen.


La apuesta por dotar de “emocionalidad” a las estrategias publicitarias debe ser algo mucho más profundo que un simple “arrebato navideño”.


De hecho, suena lógico poner en duda la eficacia de tirar de “emocionalidad” justo cuando más saturado está el “mercado de las emociones”.



Identificar las emociones clave de nuestros clientes


El segundo problema surge precisamente de esa “improvisación” y es, a mi juicio, la base que deben recalcular los grandes anunciantes, pero también todas aquellas empresas que invierten publicitariamente de cara a fomentar las ventas o el consumo navideño de sus arcas y productos.


Detrás de la apuesta generalizada que vemos en estos días por comunicar “desde las emociones” yo me pregunto: ¿Desde cuáles?


Es decir, me pregunto si los anunciantes, las empresas grandes, medianas y pequeñas han ido más allá de la carga emocional de los regalos, las familias, las reuniones en torno a la mesa, la vuelta a casa o los abrazos…


Antes de abordar la lógica de que conectar con las emociones mejora la eficacia de los procesos comunicativos y publicitarios (¡Por supuesto que sí!) sería necesario que abordásemos un proceso de análisis y estrategia previa que nos permitiese conocer cuáles son las emociones clave que terminan por determinar el comportamiento de nuestros potenciales clientes.


¿Seguridad? ¿Ambición? ¿Protección? ¿Esperanza? ¿Miedo?


¿Qué necesita sentir nuestro potencial cliente cuando compra un bien como el que nosotros ofrecemos o cuando contrata un servicio como el que presta nuestra empresa?


Conocer esa necesidad emocional es la única manera posible de construir una estrategia comunicativa que conecte los valores de nuestra marca y de nuestros productos con los sentimientos que marcan las acciones de consumo de nuestros clientes.


Comunicación emocional: una estrategia para todo el año


Es evidente que todo esto no puede surgir el 1 de diciembre. Si queremos conocer cuáles son esas emociones clave en nuestros potenciales clientes, construir una estrategia que aúne nuestros valores y fortalezas con ese mapa emocional y desarrollar acciones comunicativas acordes con ese trabajo que sean verdaderamente eficaces y, por tanto, transformadoras y rentables, entonces debemos pensar en la comunicación emocional como un recurso y una necesidad desde el primer día del año.


Preparar 2026 con estrategia y visión


En ningún ámbito de nuestra vida parecería una buena idea recorrer un camino duro, desconocido y exigente sin ningún tipo de mapa o guía que nos ayude a alcanzar los objetivos. Mucho menos si sabemos que ese camino está lleno de competidores y de obstáculos que buscan confundirnos o vencernos.


Apliquemos esto también a las estrategias comunicativas y observemos esta Navidad esa saturación y esa “carga ciega de emociones” como la razón por la que afrontar 2026 con el propósito de trabajar con amplitud de miras y luces largas en la construcción de una estrategia de comunicación que permita conectar de verdad con las emociones que los potenciales clientes a los que nos dirigimos necesitan sentir para decantarse por nuestros productos, empresas y marcas.


Pablo Yáñez - Director de Aquilea Comunicación


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En Aquilea Comunicación, agencia de comunicación con sede en Valladolid, creemos en una forma de comunicar centrada en las emociones. Apostamos por la comunicación emocional como herramienta estratégica para construir relaciones sólidas entre las marcas y sus públicos. Contacta con nosotros en info@aquileacomunicacion.com

 

 
 
 

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